sábado, 22 de octubre de 2011

"Do you want to see my blue cock?"


La literatura (como todo el arte, como lo que no es arte, como la puta vida) para valer la pena tiene que tener un algo que te sobrecoja; algo que te haga levantarte del asiento y soltar entre dientes un: “será cabrón...”.

Toda esa literatura (cof cof Ken Follet, cof cof Vargas-Llosa, cof cof Coetzee, cof cof Don Benito el garbancero) que puede ser leída sin alterar el gesto es una mierda. Es una cuestión subjetiva, está claro: cada uno tenemos nuestro saldo vital; supongo que si eres un cincuentón que ha vivido el apartheid, ha pasado un divorcio y ahora malgasta el tiempo que le queda en lupanares, tienes la obligación moral de decir que “Disgrace” es una puta genialidad.

(Coetzee = putero culto, leído y amargado. ¿Pues no van los académicos suecos y se sienten identificados? Luego claro, que Murakami está en las quinielas. Cuanto hijoputa suelto.)


Pero lo dicho.

A mí Coetzee me deja la polla fría. Ray Loriga sin embargo no, y formalmente, si nos atenemos a esos cánones de corrección ética, estética y sintáctica hay que admitirlo: el tío no tiene ni puta idea de escribir.

Bukowski, Francisco Umbral, Montero Glez, Beigdeber, Oscar Wilde... Me pueden. Me hacen levantarme, releer sus frases. Me hacen gritar para mí un: “mataría por haber escrito esto”. Su literatura (me) vale la pena.

El genio de un escritor tiende a medirse por la cantidad de personas que admiten su talento. Dicho de otro modo. O que te lea todocristo o que los académicos te alaben, si no no eres nadie colega. Pestes de la (in)cultura de masas. Ya se sabe.

Por culpa de cosas así la gente piensa poco menos que la primera pluma de la literatura española está en las curtidas y masculinas manos de Don Arturo Pérez-Reverte. (“¿Vila-Matas? Sí, creo que está al lado de L'Esplugues de Llobregat”). Una guasa.


-. ¿Andrés Neuman?

-. Algo me suena.

-. ¿Pablo Gutiérrez?

-. ¿No jugaba en el atletí?

-. ¿Alberto Olmos?

-. Lo siento. No sapo.


Que ya, que los libros nunca han interesado. Que ya harán la película, el consecuente videojuego y todos nos enteraremos de lo que va. ¿Qué prisa hay?


Muchas ganas de matar.

Eso me despierta Alberto Olmos.


Me hace sentir feo, tonto, engañado, frustrado, enamorado, cachondo, violento. Me hace odiar, a ti, a ellos, a mí. Y lo que más me jode es no poder comentar con nadie sus novelas.

Pues resulta que Alberto Olmos, que aun no ha cumplido los cuarenta y que nos ha regalado cosas tan memorables como “A bordo del naufragio”, “Tatami”, o el “Talento de los demás” ha decidido volver a sus orígenes.


Yipikayei.


Trece años le ha costado. Dos lustros y medio renegando del “A bordo del naufragio” aquel (que nos dejo a todos los que lo hemos leído con la boca abierta y el culo torcido) para al final regresar a la literatura del “me cago en...”. Sin contemplaciones.

Y es que vivimos en un mundo en el que hay tantas cosas en las que cagarse... Y Olmos (bendito sea) tiene mierda para todos.


“Ejército enemigo” habla del compromiso, del mercado, de la solidaridad. De lo pasado de moda que está el cinismo; que ahora hay que ser bueno, hay creer en la democracia y alegrarse por los egipcios y por todos los libios que han muerto.


-.¡A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y demostrar, que pues vivimos anunciamos algo nuevo!.

-.¿Algo nuevo? ¿Pues no llevamos cincuenta años con lo mismo? Que el “seamos realistas, pidamos lo imposible” ya güele nene.


De eso va “Ejercito enemigo”. Y se disfruta porque en el fondo todos somos escépticos para con el cambio. En el fondo sabemos que hay mucho imbécil que levanta el puño izquierdo y se lleva el derecho a la cartera. Que cuando no tienes para comer, ni tienes tiempo para preocuparte del prójimo ni para quejarte, "oiga, la primera mano que me ofrezca, de esa como".

“La solidaridad ha fracasado” dice Olmos. Y en ese aserto se esconde todo el cuerpo de la novela.

La historia gira en torno a Santiago, un publicista (cuanto nos ha marcado “13,99”...) al que se le muere un amigo. El muchacho en cuestión, que atiende al nombre de Daniel es un vehemente defensor de la solidaridad ciudadana, del vegetarianismo, la revolución, las ONG's.


Vamos, lo que en la Razón llaman un perroflauta.


Daniel deja en herencia a Santiago la clave de su e-mail. Abriéndole las puertas de su vida secreta. “¿Qué mató a Daniel? ¿Por qué se alejó del mundillo del compromiso durante los últimos días de su vida? ¿Sabrá algo su hermana? ¿Me podré tirar a su hermana?”

La literatura de Olmos es reflexiva. Supongo que por eso le tiene ojeriza a Bolaño. En las novelas de Alberto hay bastante más reflexión que acción. Bueno, los personajes chingan, sobre todo al principio y Santiago en su afán por convertirse en Hércules Poirot se recorre todos los bares de Madrid citandose con los testigos. Pero el grueso de la novela es la divagación.

Los personajes hablan sobre internet, sobre la exaltación, sobre la inmigración, sobre los pobres y sus trabajos de mierda, sobre los ricos y su tiempo libre, sobre las niñas guapas y ricas que quieren demostrar al mundo que a pesar de ser guapas y ricas (o precisamente por eso) sienten lástima del prójimo y le quieren ayudar.


El pasaje del video porno creará tendencia.

http://www.xvideos.com/video79659/sexo_prepa_diego_y_prima


Resulta que Santiago, el prota, el cínico, el coco, que folla con chicas jóvenes y guapas sin ser ni joven ni guapo, que vive como los pobres pero llega holgado a fin de mes, que te suelta el discursito de derechas sintiéndose un rojeras más. Pues va ese cabrón y se pone a narrar un video porno, segundo a segundo, plano a plano. Sin obviar detalle.

Santiago habla sobre lo que internet nos ha hecho. Nos ha propuesto un trueque más que interesante. Invade nuestra privacidad, nos convierte, incluso a los seres más anónimos e insignificantes en figuras públicas y... ¿A cambio que?

¡A cambio nos da cosas tan geniales como el porno amateur!

Y para demostrárnoslo nos narra su video favorito. Pero no sólo eso, además tiene la gentileza de linkearlo a pie de página. De verdad. Eso es preocupación por el lector y lo demás tonterías.

(No deja de ser gracioso que haya comentarios citando al libro en la susodicha página porno, para que luego se diga que en este país no se lee. O que cascársela es cosa de bárbaros iletrados).


Como fuere, al margen de todas esas disertaciones sobre como la era post-post-atómica ha trasformado el mundo en un putiferio perpetuo de 50mb de banda ancha, hay mucha divagación política.

Y hacía mucho que un escritor de estas tierras no tenía cojones de meterse a torear en esas plazas. Escritor. He dicho escritor, no tío-que-ha-escrito-un-libro. Es loable, tan loable como enervante.


Cabrea porque las verdades cabrean, desconciertan, marean. Las verdades pesan, por eso perdemos tanto tiempo enmascarándolas, maquillándolas. Pero aquí no hay rimmel, ni bambalinas, ni cortinilla de humo, ni mierdas.

Hay mala leche. Terrorismo callejero. Guerrilla. ¡Fuego! Contra aquel que se enriquece de la desgracia y contra el que se enriquece de contar la desgracia.


Hijos de puta todos. Hasta yo. Qué bien.


¿La moraleja?

Deja todos los cabos bien atados, no vaya a ser que te mueras y algún imbécil se enrede con ellos.




Colectivos que se sentirán ofendidos con la lectura de la novela:

Los onanistas.

Los modernos.

Los pijos.

Los chinos.

Los gitanos.

Los drogadictos

Los profesores de instituto.

Los progres.

Los fachas.

Las mujeres guapas.

Las mujeres feas.

Las mujeres de la limpieza.

Los culturetas que no tienen ideas propias.

Los universitarios que sólo leen a Hesse, Buwkoski, Miller y Pessoa.

Los que no han llegado a la universidad.

Los anarquistas.

Las masas.

Los individuos que se sienten ajenos a las masas.

Los que se la han cascado con el chatroulette.

Las que han provocado por el chatroulette y al final no han enseñado nada.

Los que se han tomado en serio la filosofía.

Los que se han tomado en serio el capitalismo.

Los que se han tomado en serio la vida

Los que se han tomado en serio El Club de la lucha.

Los que tienen un Iphone.

Banksy.

Michael Moore.

Los extremistas religiosos.

Los terroristas.

Los que han perdido a un hijo en una zanja.

Los del atleti.

La niña de la portada.


Qué guapa es la niña de la portada. A esa sí que le hacía yo la revolución.


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